Las estadísticas han demostrado que las mujeres viven más que los hombres. De hecho, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) “en el tramo de edad de 90 y más años, el número de mujeres que alcanzan edades avanzadas es superior, y la mortalidad femenina supera ampliamente a la masculina, correspondiendo el 68,1% de las defunciones a mujeres, frente al 31,9% masculina.

Con los datos en la mano, faltaba saber cuál es el posible motivo que hace que las mujeres vivan más, pero, gracias a un equipo de investigadores de la Universidad de California en San Francisco (Estados Unidos) sabemos cuál es el posible motivo: el segundo cromosoma X, que es el que determina nuestro sexo y que contiene muchos genes relacionados con el cerebro, lo que le convierte en esencial para la supervivencia.

Estas características no las contiene el cromosoma masculino Y, sino que este solamente cuenta con algunos genes que aportan las características sexuales (genitales masculinos o vello facial). En definitiva, sin al menos un X, un animal no puede vivir.

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Del estudio, publicado este martes en la revista científica Aging Cell, se desprende que los investigadores analizaron y compararon los efectos en ratones hembras y machos con cuatro combinaciones distintas de gónadas y cromosoma: las dos que se encuentran en la naturaleza -XX en ovarios y XY en testículos- y otras dos creadas en laboratorio. Al manipular un gen, las combinaciones originaron cromosomas XX implantados en testículos y cromosomas XY en ovarios.

Los ratones con cromosomas XX en sus ovarios vivieron más, y superaron el promedio de vida de 21 meses. De hecho, llegaron incluso a los 30 meses. Lo mismo ocurrió con los genes XX que se implantaron en gónadas, pero en esta ocasión, el periodo de vida prolongado fue solo de dos meses.

“Creemos que la naturaleza llevó a las hembras a evolucionar de esta manera. Cuanto más tiempo vives, puedes asegurar un mayor bienestar de tu prole y posiblemente del de tus descendientes”, explica Dena Dubal, profesora de neurología en UCSF y autora principal del estudio.