Que tu hermana sea rubia con ojos azules y mida 180 cm, mientras que tu apenas rozas los 160, tu color de pelo es marrón o tus ojos negro azabache, no es porque así lo decidieran tus padres de manera directa. Es la genética la que obra estos milagros. Todo lo que está contenido en tu ADN lo has heredado de tus padres por igual, sin que ellos puedan determinarlo, y a su vez, ellos heredaron de la misma manera su ADN de tus abuelos. Este es el misterio de la vida.

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Pero además de los rasgos físicos, tu ADN contiene la información de ciertos rasgos de personalidad, esas intolerancias que te dan algunos alimentos o la predisposición a sufrir una determinada enfermedad en un futuro. Tu ADN es, digamos, tu biografía. Una biografía que puede estar escrita en parte por la herencia de tus antepasados, pero que también puedes moldearla según desarrolles tu propia vida.

¿Qué es la custodia de ADN?

Es muy útil e importante conocer la historia de nuestros genes, ya que de esta manera podemos diferenciar entre los rasgos y enfermedades que podemos haber heredado o que hayamos desarrollado en el transcurso de nuestra vida por factores ambientales, lo que supone una diferencia importante.

Conservar nuestros genes nos da la posibilidad de preservar la biografía familiar y estudiar la herencia de ciertas patologías y trastornos a los que podemos estar predispuestos. Y es que “cualquier enfermedad que tenga un origen genético puede trasmitirse de la misma manera que los rasgos físicos, de generación en generación. De ahí la importancia de conocer qué hay en nuestro material genético y en el de nuestros familiares, incluso cuando estos hayan fallecido”, explica Ana de la Encarnación, doctora en Biología Molecular, Bioquímica y Biomedicina y directora técnica del laboratorio BiobookLab.

Y es tan útil conocer lo que guardan nuestros genes que hace más de una década se consiguió crear los denominados “bancos”, en los que se conserva una muestra de ADN para que, en el futuro, podamos usarla e investigar y prevenir alguna patología. Es lo que hoy conocemos como custodia de muestras de ADN.

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¿Realmente necesito custodiar mi ADN?

Hoy en día sabemos que hay zonas del ADN relacionadas con algunas patologías, por ejemplo, ciertas intolerancias como a la lactosa o celiaquía, enfermedades como el alzhéimer, diabetes, fibrosis quística, problemas cardiovasculares o cáncer.

Sin embargo, no todas estas dolencias con origen genético son hereditarias, por eso cuando tenemos algún síntoma, posibles antecedentes familiares o creemos que tenemos predisposición a sufrir alguna, es muy importante acudir al médico especialista que nos asesorará y, si lo estima oportuno, puede indicar que se realice la extracción de una muestra de ADN.

Bajo esta premisa de la necesidad de estudiar y conocer si las enfermedades de origen genético que podamos padecer a lo largo de nuestras vidas son hereditarias o no, la muestra de material genético puede conservarse una vez extraída para preservar tu futuro y el de tu familia.

Es decir, disponer de nuestro ADN y el de nuestros familiares nos permite detectar, tratar y prevenir enfermedades de transmisión genética, y localizar su origen. De esta manera, el especialista podrá realizar un estudio completo y un tratamiento personalizado, tanto al paciente como a los familiares. Y es la denominada medicina preventiva la que se centra y nutre de los análisis del ADN de distintos familiares consanguíneos.

 

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¿En qué consiste el servicio de custodia de ADN?

El proceso de custodia de ADN es sencillo e indoloro. La muestra la obtienes de células de la mucosa bucal (en caso de que sea de una persona que ha fallecido, se extrae una muestra de sangre).
Posteriormente, gracias a técnicas de biología molecular avanzadas, se extrae el ADN, se analiza su calidad y se custodia durante un periodo determinado (ampliable).Para garantizar que esa muestra de ADN está en óptimas condiciones para poder ser custodiada y utilizada en el futuro, se somete a pruebas muy exhaustivas de calidad en las que debe cumplir unos parámetros de concentración y pureza específicos.

Una de las ventajas es que no hace falta ir al hospital o a una clínica para obtener la muestra, porque el material se te facilita para que lo hagas en casa. No obstante, claro está, si se trata de una persona fallecida es un especialista cualificado el que se encarga de extraer la muestra de sangre.

Cuando ha pasado todos los controles, es el momento guardar las muestras de ADN por triplicado y conservarlas en un depósito biológico de ADN para uso privado, en el que se custodiará a 80 grados bajo cero.

Y ya está todo preparado y a tu disposición para cuando tú o tus familiares queráis haceros cualquier estudio o análisis genético.