La intolerancia a la lactosa tiene un origen genético y una condición ancestral en los humanos. Tanto es así que se presenta en cerca de un 70% de la población mundial.

Se caracteriza por una deficiencia en la producción de lactasa, una enzima que se encarga de digerir el azúcar de la leche (la lactosa). “Esta regulación decreciente de la actividad de la lactasa se produce pasados los primeros años de vida, tras el periodo de lactancia, en los que es necesaria la lactosa como mamíferos”, explica Ana de la Encarnación, directora técnica de Biobooklab.

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Las personas que sufren este tipo de intolerancia digieren mal este azúcar, de ahí los problemas diarios en la dieta con cantidades normales de lactosa. Y de ahí también los síntomas, como diarrea, dolor abdominal, vómitos, nauseas o flatulencias, entre otros.

Si percibes algunos de estos síntomas es importante que acudas al médico y no te fíes de lo primero que encuentres en internet. Fíate de organismos y asociaciones oficiales, en las que encontrarás toda la información que necesitas y, sobre todo, apoyo y asesoramiento, como es el caso de la Asociación de Intolerantes a la Lactosa de España, Adilac.

Alimentos con lactosa oculta

Como hemos dicho, la lactosa es el azúcar de la leche y se encuentra principalmente en ésta y en sus derivados, pero no solamente en este tipo de productos. Aunque no lo creas, hay alimentos manufacturados que también presentan lactosa. Por eso hay que tener mucho cuidado.

“Algunos de los alimentos que pueden contener lactosa son carnes procesadas como las salchichas, hamburguesas, embutidos o patés, sazonadores, aditivos, margarinas, salsas, aperitivos como patatas de bolsa o gusanitos, o pan bimbo y bollería, entre otros”, aclara de la Encarnación.

Además, los excipientes de los medicamentos también pueden contener lactosa, así como complejos vitamínicos o incluso algunos dentífricos.

Y, atención, porque si ya te ha sorprendido leer hay medicamentos e incluso “pasta de dientes” que la contiene, también debes tener especial cuidado con algunos vinos y licores, porque hay empresas que usan derivados lácteos en el proceso de destilado de algunas de ellas.

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Alternativas a productos con lactosa

Para aquellos pacientes que sufren intolerancia a la lactosa, lo principal es, lógicamente, disminuir el consumo de lácteos y tomar alimentos sin lactosa.
Sin embargo, “no es aconsejable eliminar totalmente el consumo de leche y sus derivados, ya que son un aporte elevado de calcio que mantiene en buen estado nuestra salud ósea”, señala de la Encarnación.

Lo que sí hay que retirar de la dieta son los lácteos no fermentados porque contienen mayor cantidad de lactosa. Se pueden sustituir, por ejemplo, por productos como son leches sin lactosa, quesos sin lactosa, nata sin lactosa, etc. Productos que hoy en día encuentras fácilmente en los supermercados.

Seguramente te ha venido a la mente ese delicioso yogur que tomas de postre y estás pensando que “lo nuestro se acabó”, pero lo cierto es que el yogur es uno de los derivados lácteos que mejor es tolerado por intolerantes (valga la redundancia) porque es un producto fermentado y reduce la cantidad de lactosa casi a la mitad, por lo que no debe cundir el pánico. Eso sí, también existen opciones de yogures sin lactosa que seguro que no sientan mal.
Otro de los alimentos a los que da mucha rabia renunciar es el queso. Éstos contienen una menor cantidad de lactosa cuanto más curados sean, y además son más tolerables por su lenta digestión. Y también hay versiones sin lactosa.

En cualquier caso, y se trate del producto que se trate, siempre es conveniente leer bien la composición de los alimentos, sobre todo de los elaborados y procesados.

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¿Para qué sirven las pastillas de lactasa? ¿Son recomendables?

Para aquellos pacientes que sufren intolerancia a la lactosa, lo principal es, lógicamente, disminuir el consumo de lácteos y tomar alimentos sin lactosa.
¿Para qué sirven las pastillas de lactasa? ¿son recomendables?

Las pastillas de lactasa son unos suplementos dietéticos que contienen la enzima lactasa, encargada de separar la lactosa en glucosa y galactosa, de tal manera que la lactosa será metabolizada y no causará molestias típicas de la intolerancia.

El efecto de estas pastillas es momentáneo, por lo que cada vez que se vaya a consumir lactosa habrá que tomar la pastilla justo antes. “Es recomendable que su uso sea esporádico, por ejemplo, cuando comamos fuera de casa y no estemos seguros de que los alimentos que consumamos estén libres de lactosa” insiste de la Encarnación. Y es que, el principal inconveniente que tienen este tipo de pastillas es encontrar la dosis adecuada, “porque hay que tener en cuenta la tasa de lactosa intestinal que tengamos respecto la cantidad de lactosa que consumamos. Es decir, si consumimos una dosis más elevada podremos tener como consecuencia efectos secundarios, y si tomamos menos dosis directamente no nos harán el efecto deseado padeciendo los síntomas de la intolerancia”, especifica la directora técnica de Biobooklab.

Estas pastillas las debe recomendar nuestro médico y solo las deberán consumir los afectados por la intolerancia a la lactosa. Algunos de los posibles efectos secundarios pueden ser nauseas, estreñimiento o inflamación abdominal.

Recetas sin lactosa

Para el día a día, además de consumir productos como leche sin lactosa, queso o yogures sin lactosa… Hay multitud de recetas muy ricas y fáciles de preparar que te ayudarán a mantenerte sano y a seguir disfrutando de la comida.
Te dejamos una muestra de ello con este canal de cocina, “Orielos Kitchen” y el blog “Recetas sin lactosa“.